viernes, 26 de marzo de 2010

More Than Words

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Estaban muy cerca el uno del otro. Era la proximidad que había deseado desde hacía meses y que había empezado a forjarse desde el mismo instante en el que se encontraron en el aeropuerto. Nunca podría olvidar ese momento, el corazón le dio un vuelco inmenso al verle. En persona era incluso más guapo, daba igual la maleta, daba igual la gente de alrededor, solo necesitaba abrazarle y eso hizo: el primer abrazo.
El primero de muchos, el primero de miles…
atrás quedaban esos tiempos de abrazos frustrados.


Estaban tumbados, sus labios distaban poco más de 10 centímetros el uno del otro. Distancia que ella se reservaba en traspasar, aunque ya sabía que él no le rechazaría el beso. Los abrazos en el autobús de camino a los apartamentos, las caricias, los besos en el cuello, en la oreja, las palabras cariñosas,… eran indicios más que suficientes. Pero no se decidía a dar el paso, “Quiero que lo haga él” pensaba.

Se hizo el silencio. Juntaron sus narices en un gesto cariñoso y fue entonces cuando se dio cuenta de que sólo existían sus ojos. Esos ojos verdes, preciosos, perfectos, profundos,… sintió el deseo irrefrenable de lanzarse hacía esa profundidad, como si alguna fuerza actuara sobre ella. Y al fin sus labios se unieron.

Era el primer beso.
El primero de muchos, el primero de miles…
atrás quedaban esos tiempos de besos frustrados.




Texto:

Irgala Miserere

Fotografía:
Rubén Lijó Sánchez