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viernes, 25 de octubre de 2013

Leave some morphine at my door


 
Muchos libros he comenzado a escribir, con diferente cubierta, trama y letra. Solo compartían una cosa: la escritora. He vaciado y llenado tantas veces mi futuro que a día de hoy me parece no existir. He vivido aquí, he vivido a 600km y a 2000, he viajado a mil lugares en coche, moto y en avión. He despertado todos los días al lado de alguien nuevo y he caminado de la mano de la ilusión por ciudad, playa, montaña y campo. He besado la pasión más veces que ninguno de ustedes, e incluso he desayunado pedacitos de indiferencia. Puedo decir con seguridad que he sido feliz por lo menos una vez en cada uno de todos aquellos escenarios, y que he dado mi cuerpo y mi alma cada vez que el telón subía, aunque mi público no siempre lo apreció. Una vez más, una bocanada de aire frío se lleva mis escrituras y mi pluma, derramando la tinta en racimos de gotas saladas, esparcidas a capricho por el suelo que ahora mismo estoy pisando. Nunca creí en el destino, pero quizás todo indique que no sirvo para escribir.



Texto: 
Irgala Miserere

miércoles, 6 de junio de 2012

Ángeles de ciudad


A veces se practica, a veces se puede evitar.
El óbito de la mente, como una droga.
Fluyen las ideas como las notas de un órgano,
vacias, llenas... pero siempre constantes. 

Sabías que este día llegaría
¿De qué te sorprendes?
.

Texto y en la foto:
Irgala Miserere
 
Fotografía por:
Valerio Sorrentino 


jueves, 18 de agosto de 2011

En el barrio donde juego




Había estado esperando aquella llamada durante meses, muchos meses. No niego que al oír de nuevo su voz apenas la reconocí... supongo que de tanto pensar en ella la había distorsionado, ¿habría hecho mi mente lo mismo con su aspecto?. Las 17:07... y alguien tocó a la puerta de la consulta. Unos ojos marrones, redondos y llenos de vitalidad me miraban fijamente cuando levanté la cabeza de mis desordenados papeles. Sin duda era ella, seguía vistiendo de esa forma tan característica, con prendas oscuras y ajustadas. El único punto de color se lo daban sus uñas, largas, bien arregladas y pintadas de colores vivos. Haciendo este repaso visual reconocí sus anillos de plata, y al final de su mano una maleta de piel marrón casi destrozada por tanto uso... ¿Pero donde había estado tantísimo tiempo?

_Debo confesarte que pensaba que no vendrías _ le sonreí bajando un poco mis gafas_ ¡Vaya! te veo muy bien.

_Eso espero

_¿Y ese brillo en los ojos?

_El maravilloso elixir del amor... es capaz tanto de matar como de resucitar a los muertos.


Texto:
Irgala Miserere

Fotografía hecha por:
Valerio Sorrentino


domingo, 24 de abril de 2011

Teardrop






_ ¿Cúanto tiempo más vas a estar así?
_ No estoy así porque quiera.
_ Pero... ¿no crees que mereces algo más que eso?
_ Él piensa que no...





Fotografía y texto:

Irgala Miserere

Cancion:
"Teardrop" de Massive Attack


sábado, 4 de diciembre de 2010

En este charco no hago pie



Un brindis...
por ese afán incontrolable por destruir todo lo que es hermoso.
Por esa necesidad que tenemos de ser infelices
y no disfrutar de las cosas buenas.
Brindemos por las lágrimas innecesarias,
y por nuestra tendencia autodestructiva.
Por cultivar el arte de ver problemas donde no los hay.
Por el magnetismo a no valorar lo que tenemos
hasta que lo perdemos.


Un brindis por todos nosotros...
seres humanos:
especie privilegiada.

¡Bebamos hasta morir!

martes, 9 de noviembre de 2010

Criando malvas



_Tranquila...

_Me duele

_Sabes que lleva su tiempo, se te pasará.

_Pero es que me duele mucho... muchísimo.

_Sólo tienes que tener paciencia, las cosas iran... ¡eh! ¿a dónde vas? ¡Espera!

Salió corriendo.
Pasaron horas, pasaron días y semanas. Por fin, cansada de andar y agotada por el dolor se derrumbó junto a un riachuelo. Los árboles del bosque observaban la escena como burlándose, cubiertos por un cielo gris que amenazaba tormenta.

Logró incorporar su cuerpo lo justo para buscar en el bolsillo su bote de pastillas. Lo abrió con torpeza, tanta que todas las pastillas cayeron sobre la hierba. No podía soportar aquel dolor... punzante, intermitente y que le hacía respirar a trompicones. No tenía lágrimas pero aun así intentó llorar, gritó, se arañó los brazos, se arrancó mechones de pelo con sus propias manos, pero aquello no paraba. Comenzó a llover muchísimo.

Desesperada se metió la mano en la boca, tenía que pararlo como fuera. Notó que algo palpitante rozaba la yema de sus dedos, lo agarró y tiró con fuerza. Pudo ver como su propio corazón latía acelerado dentro de su mano, cubierta de sangre. Le clavó las uñas y lo destrozó, lo apretó entre sus dedos y se deshizo formando una pasta grumosa que resbaló por su antebrazo.

No se acordaba de cuando fue la última vez que había pestañeado. La lluvía, helada, había mojado todo su cuerpo que temblaba como nunca. Por fin cayó al río.

Lo último que pudo ver fue su sangre fundiendose con el agua, ondeando río abajo.

...

Fotografía y texto:
Irgala Miserere

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martes, 14 de septiembre de 2010

Cría cuervos



_Ains... a ver, ¿qué te trae por aquí ahora? ¿qué te ha pasado?

_ Todo y nada ¿Cómo saberlo?

_ Con esa ambigüedad no llegamos a ningún lado... así no me ayudas en nada, y por ende tampoco te ayudas a ti. Cada vez te pareces más a un trozo de papel: te repliegas, te escondes y cada día vives más dentro de ti misma, lejos del mundo real...

_¡¿Y POR QUÉ NO DEBERÍA HACERLO ASÍ?! Si al menos tuviera un lugar en el mundo real con gusto lo ocuparía. ¿Crees que no me gustaría gritar a los cuatro vientos "¡EH! ¡AQUÍ ESTOY!" o "¡MIRADME TODOS! ¡TENGO ALGO IMPORTANTE QUE DECIR!"?

-¿Prefieres perder todo contacto con la realidad? Porque es lo que pasará si sigues.

_ Si la realidad es así... por supuesto.


Texto:
Irgala Miserere

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jueves, 29 de julio de 2010

Fuego


click to zoom



_Salta

_¿Qué dices?

_¡QUÉ SALTES!

A un paso de un gran abismo, un precipicio de cima arenosa, rojiza y suelta. Las pequeñas piedrecitas del borde no dudaban en caer al vacío antes de enredarse entre los dedos de mis pies. Ni siquiera era capaz de ver donde acababa y el vértigo se estaba empezando a apoderar de mi. No podía creer lo que oía... ¿cómo podía pedirme algo así?

_No creo que...

_Yo saltaré contigo, en serio. Confía en mí.

Esas palabras se grabaron en mi mente, un eco interminable de una voz suave y dulce que me incitaba a zambullirme en un mar de sentimientos enfrentados. Con mirada y gesto inmutables tendió su mano hacia mí, y aunque en un principio vacilé, no podía rechazar la oferta de sentir el tacto de su piel. Dijo que nunca me haría daño, que jamás permitiría que yo sufriera. “Confía en mi...”

_Hemos hablado de esto muchas veces y estabas conforme. No sé a que vienen estas dudas de última hora. Pero... en fin, supongo que no puedo obligarte a... _dijo haciendo el amago de soltar mi mano

_¡NO! ¡No!... Está bien

Apreté su mano muy fuerte y tragué saliva. Miré al frente...

~ ~

_¿Y qué ocurrió?

_Que yo dí un paso y él no. Nuestro contacto se perdió y caí sola. Tengo la sensación de tener esas palabras tatuadas en alguna parte de mi cuerpo: “Confía en mi...”.

_¿Sabes con exactitud en que posición te encuentras?

_Sí... creo. No, en realidad no. Supongo que en ambas.

_¿En qué piensas?

_En nada.

_¿Qué sientes?

_Nada...



Texto y fotografía:
Irgala Miserere

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sábado, 17 de julio de 2010

Cuesta abajo



Nunca se acordaba de cuanto disfrutaba con los viajes en coche. Ese arrullo especial... se embelesaba pensando en las formas que haría su mano si pudiera asomarla a la ventana, intentando parar la fuerza del viento. Formas redondas, suaves, invisibles,... pero sin duda a inicios de diciembre haría demasiado frío fuera como para intentar aquello.

Había sido un día muy largo. El funeral no había sido nada del otro mundo (nunca mejor dicho), apenas 5 personas se presentaron a dar el pésame. Triste, muy triste ciertamente. Es increíble como la muerte de un anciano acaba siendo hoy en día algo incluso positivo, algo que se espera.

Toda una vida para un final así... horrible y desesperanzador.

"Como si no pudiera llegarnos a cualquiera en cualquier momento" pensaba. Andamos como si fueramos inmunes a ella, como si pudieramos huir, como si tuvieramos alguna oportunidad. Ya ves... como si ella misma no se sintíera segura dentro de aquel armazón de vidrio y metal, y aun más dentro de la burbuja que los cascos de su mp3 le proporcionaban, en completo aislamiento con el mundo, depositando toda la responsabilidad en la persona que conducía el coche.

El paisaje tras la ventana ya le resultaba familiar, "Ya estamos en el barrio" pensó con cierta tristeza. Al girar la cabeza hacia el frente solo pudo ver como su coche embestía con fuerza un coche blanco que, sin saber de donde, había aparecido atravesando su camino.

Impactó de lleno. Cerrando los ojos sintió como sus huesos se movían sin control dentro de sí misma intentando esquivar la inercia, con el cinturón de seguridad como único punto de referencia y que a esa velocidad se le clavó en el pecho como si de una cuerda de violín se tratara produciendo un dolor punzante. Sus dientes chocaron, sus pulmones se pararon de golpe y un sonido sordo brotó desde dentro.

Había sido tan rápido.
Sus pulmones volvieron a funcionar al igual que su corazón, rápido, como ávidos por recuperar el tiempo perdido. Sus ojos se abrieron.

Hostias...



Texto:
Irgala Miserere

Fotografía:
Sopor Aeternus



viernes, 26 de marzo de 2010

More Than Words

Photobucket
Estaban muy cerca el uno del otro. Era la proximidad que había deseado desde hacía meses y que había empezado a forjarse desde el mismo instante en el que se encontraron en el aeropuerto. Nunca podría olvidar ese momento, el corazón le dio un vuelco inmenso al verle. En persona era incluso más guapo, daba igual la maleta, daba igual la gente de alrededor, solo necesitaba abrazarle y eso hizo: el primer abrazo.
El primero de muchos, el primero de miles…
atrás quedaban esos tiempos de abrazos frustrados.


Estaban tumbados, sus labios distaban poco más de 10 centímetros el uno del otro. Distancia que ella se reservaba en traspasar, aunque ya sabía que él no le rechazaría el beso. Los abrazos en el autobús de camino a los apartamentos, las caricias, los besos en el cuello, en la oreja, las palabras cariñosas,… eran indicios más que suficientes. Pero no se decidía a dar el paso, “Quiero que lo haga él” pensaba.

Se hizo el silencio. Juntaron sus narices en un gesto cariñoso y fue entonces cuando se dio cuenta de que sólo existían sus ojos. Esos ojos verdes, preciosos, perfectos, profundos,… sintió el deseo irrefrenable de lanzarse hacía esa profundidad, como si alguna fuerza actuara sobre ella. Y al fin sus labios se unieron.

Era el primer beso.
El primero de muchos, el primero de miles…
atrás quedaban esos tiempos de besos frustrados.




Texto:

Irgala Miserere

Fotografía:
Rubén Lijó Sánchez